Un adiós a la vida rodeado de paz

Foto Un adiós a la vida rodeado de paz

 

María rememora a través de la línea telefónica aquellos días difíciles en los que muchos pacientes tuvieron miedo a morir, afectados por la pandemia del coronavirus. Algunos se quedaron en el camino. Otros han vencido al Covid-19 y siguen con «esperanza» la evolución de esta enfermedad que ha marcado en el dolor y la muerte a muchas familias de Toledo.

María Pérez Moreno Conejo, es una de las tres psicólogas que trabajan en el Equipo de Atención Psicosocial (EAPS) del programa de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación «la Caixa», integrado además por una médico y una trabajadora social que se desplaza a los domicilios de estos pacientes.

 
 
El programa ofrece una atención integral basada en el apoyo emocional, social y espiritual al paciente y a sus familiares, y también en la atención al duelo, acompañando todas aquellas enfermedades terminales que han sido y siguen estando presentes.

María cuenta que desempeña su labor en las unidades de Cuidados Paliativos del Hospital Virgen de la Salud de Toledo, del Hospital Provincial y en la residencia de la Avenida de Barber, actualmente cerrada como consecuencia del Covid-19. «Fue bastante duro para nosotras porque aunque estamos acostumbradas a trabajar con la muerte, las condiciones han sido bien distintas y no estábamos acostumbradas a una situación tan desconocida», afirma esta profesional, que reconoce que la mayoría de pacientes que atienden son oncológicos, aunque en los últimos tiempos reciben a personas con insuficiencias pulmonares, cardíacas y neurodegenerativas.


A pesar de este cambio en el perfil del usuario que acuden al EAPS, María explica que al año atienden a unos 600 pacientes y a unas 900 familias de la provincia de Toledo. El promedio de edad son mayores de 65 años, aunque también acude gente joven y personas de hasta 90 años.

Reconoce que durante el confinamiento murieron algunos pacientes, aunque tuvieron pacientes paliativos que pasaron el Covid y aunque lo tuvieron que vivir en soledad, «siguen aferados a la vida. Eso ha sido un ejemplo para todas nosotras».

 
María insiste en que a pesar de las condiciones tan adversas, intentaron acompañar a sus pacientes. «El hecho de que estas personas murieran solos, sin estar con sus familias, ha sido bastante difícil. Nuestro trabajo es el acompañamiento familiar y que ellos participen y colaboren en los cuidados de final de vida y, sobre todo, que se puedan despedir de sus seres queridos», afirma.

Sin embargo, esta situación no se pudo cumplir en muchos de los fallecimientos ocurridos durante el confinamiento y por las normas sanitarias establecidas. «Ahora nos encontramos con familias que no han podido realizar ese duelo porque no han podido estar al lado de su ser querido», recuerda para reiterar que lo más difícil ha sido decidir qué persona de la familia debería estar al lado del paciente que se estaba muriendo.

Finalmente, María reconoce que de cara a los nuevos rebrotes, el equipo está preparado, «aunque nos da un poco de miedo, como a todo el mundo», dice. «Haremos todo lo que esté en nuestras manos, teniendo en cuenta que nuestros pacientes son personas muy frágiles, que no tienen un sistema de defensa fuerte, como otros».

«Siempre decimos que en el mejor lugar donde pueden estar nuestros pacientes es en su casa. No podemos olvidar que el entorno hospitalario es un medio bastante contaminante», explica y recuerda que por eso hay equipos que van al domicilio, donde está su familia y se sienten más protegidos.

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